Fragmentos de un librito para este año

Comparto una pequeña selección de fragmentos de un librito en el que actualmente estoy trabajando. No son representativos, pues pertenecen al mismo capítulo (acaso el menos interesante, por su carácter autobiográfico, pero necesario en este caso para contextualizar los demás):

“Y todo me faltaba, pues la luz cegadora que iluminaba mi vida se había desvanecido dejando tras de sí solo sombras, solo un reguero de bagatelas, la colección incolora de todo aquello que había permanecido difuminado ante la preponderancia inexorable de mi sentimiento y que no parecía ganar ninguna nitidez ante la cruda pérdida, en todo caso diluyendo por completo cualquier viso de importancia frente a un panorama tan descorazonador. Con ella escapó el único refugio posible para la tormenta alimentada justamente por su ausencia, viéndome así incapaz de encontrar bálsamo alguno para mi dolor”.

“Comenzaba a confirmarse también, como más de una vez sospeché de una u otra forma, el papel del amor en mí mismo, en calidad de componente inmanente de mi personalidad: satisfecho y liberado me sitúa en mi elemento, pero si no dispongo de alguien a quien dirigirlo no desaparece, sino que resulta comprimido y yo, como pintor sin lienzo, me comprimo con él y quedo anímicamente impedido, incapaz de plasmar en vivencias los colores del romanticismo que encierro”.

“La feliz serendipia irrumpió como un bálsamo revitalizante frente al estado ansioso del que yo todavía estaba saliendo, contribuyendo en mucho a sobrellevarlo y probablemente también a su mejora. Ello supuso un flamante resorte que me sustrajo significativamente de mi estado de parálisis, aunque aún quedaba lejos de una activación completa. La relación, fuera de toda duda, hizo reverdecer, de colorida forma además, pujanzas extintas que de otra manera quién sabe cuánto hubieran tardado en volver a escena, pero su papel se mostró únicamente transicional, rescatándome del abismo pero dejándome a los pies de una montaña que habría de escalar por mí mismo”.

“Más de un lustro llevo nadando en las densas linfas del marasmo, y más de un lustro mi natural esencia en ellas ha permanecido ahogada, habiéndome los avatares de sus corrientes impedido no solo hacer, sino también ser. En todo este tiempo, estas aguas ya familiares han arrastrado mis actos e inundado mi ánimo, y solo en breves instantes he gozado de un reflotamiento, siempre caduco, en el que una bocanada de aire oxigenaba mi motivación y esquivos rayos de luz encendían los colores de un rostro que se había perdido a sí mismo”.

Fotos de la IV Escuela de Verano

El verano pasado tuvo lugar la IV Escuela de Verano de Física y Matemáticas, organizada en el seno de la SEMF (Sociedad para el Estudio de la Matemática y de la Física) en la Facultad de Física de la Universidad de Valencia, un año más. Además de asistir, hice las funciones de fotógrafo. El resultado final tras los procesos de selección y edición de las capturas puede verse aquí.

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Sensibilidad, Cioran y un texto venidero

Llevo un tiempo excesivo (semanas, o incluso meses) intentando empezar la escritura de cierto texto que para mí resulta realmente importante (en especial por sus repercusiones prácticas en mi propia vida)… pero se me resiste. Demasiado complejo.

Hace unos días se me ocurrió buscar inspiración en la recopilación de fragmentos que tengo de algunas obras de Emil Cioran, pues comprenden algunos de los contenidos que quiero tratar en el texto.

Acabé entre sollozos, abrumado por su riqueza, su hondura, su sentimiento.

Más que ayudarme, me detuvo, pues veía mayúscula la dificultad de extraer algo concreto de semejante vastedad de temas, todos de impacto personal para mí. Incluso seguir leyendo la recopilación de pensamientos del escritor rumano fue impracticable, por el estado de parálisis que me había inducido el impacto. La sucesiva exposición a referencias de reverberaciones personales tan hondas e intensas, que en un instante disponían ante mí, desplegada, significativa parte de la complejidad que albergo en lo que respecta a mi cosmovisión y a mi emocionalidad en relación al mundo, la pluralidad de los contenidos a los que remitían las citas y la magnitud de los sentimientos que me infundían tales contenidos (más todavía por la emocionante elocuencia con la que estaban expresados) configuró en mi ánimo una experiencia tan desbordante, tan extrema, que no pude soportar la complejidad, la diversidad, la cantidad, la profundidad, y la realidad de todo ello… una realidad que se contrapone al ensimismamiento cotidiano que enmascara toda esa riqueza y simplifica cruelmente la vida.

Varios de mis sentires más hondos, que rara vez hallo a mi alrededor (ni aun sueltos), los encuentro juntos en Cioran… y lo que es más importante: con una seriedad y una intensidad semejantes a aquellas con las que yo los vivo.

Ciertamente entre el pensamiento del escritor y el mío hay grandes diferencias, pero las similitudes, aunque no agoten una suerte de núcleo de nuestras cosmovisiones, siguen resultándome pasmosas.

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Hoy, atípico día, he pasado buena parte del tiempo en esta mesa, releyendo aquellas citas, abandonado a los vaivenes emocionales evocados por sus palabras. Entre risas, asombro, lágrimas, sobrecogimiento, escalofríos, ilusión… Hoy, lo que entonces fue paralizante ha sido un resorte de vida, un hálito efímero de consciencia e inspiración… ambas previsiblemente caducas.

Las horas revelarán cómo de transitoria será la turbulencia que han imprimido en mí las experiencias de esta jornada. Cualquiera que este grado sea, hoy relumbrará localmente como un día de alienación atenuada, de vigilia más genuina.

Composiciones de Claudio Monteverdi (4/4)

SV 268, Beatus vir (Selva morale e spirituale, 1641)

Motete sacro, que tiene por texto el salmo 112. Mi favorita en latín de Monteverdi. Me quedaría sobre todo con el comienzo (hasta 0:36), con la calidez, la felicidad sosegada del «beatus vir qui timet Dominum: in mandatis eius volet nimis» (‘dichoso el hombre que teme al Señor: en sus mandamientos encuentra gran deleite’), frase que volverá a aparecer otras veces a lo largo de la obra (y a la que sigue un violín cuya melodía es muy similar a la que introduce Chiome d’oro, justamente). Otro pasaje que me llama especialmente la atención es el «gloria et divitiae in domo eius» (‘en su casa habrá abundancia y riqueza’) repetido por las sopranos en 01:29. Una delicia del barroco italiano, un canto a la contemplación sentida, al feliz sobrecogimiento ante el misterio luminoso que baña el mundo, ante ese horizonte de belleza que alcanza todo lugar, todo tiempo… ¡beatus vir qui audit Monteverdi!

Réquiem de Fauré

Comparto una composición que me apasiona. Se trata de la misa de réquiem de Gabriel Fauré, que recientemente he redescubierto y por fin experimentado y apreciado según se merece. Tal y como me ocurre con el réquiem de Mozart, encuentro prácticamente todos los movimientos sumamente emocionantes.

El Introito, desde el «requiem æternam dona eis Domine», nos sitúa en contexto: gradual pero prontamente paraliza el mundo, difumina el presente, nos transporta a esa atalaya atemporal que tantas veces nos concede la música sacra, a un mirador privilegiado desde el que contemplar el orbe con una mirada transida de nostalgia y lamento, entumecida por la confusión y el asombro, enardecida por la belleza y el amor. Un sentir acrisolado irrumpe en nosotros y nos emplaza de lleno en una honda elevación, de tintes mortales aquí pero de mucho más general esencia, que con su lente omniabarcante hace converger la luz de un mundo que se apaga: la misa de difuntos ha comenzado.

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Los intelectos perecidos antes de tiempo

Apenas sé algunas generalidades de la rama de las matemáticas conocida como «teoría de Ramsey», pero albergo desde hace tiempo la intuición (fruto de algunas lecturas e indagaciones fugaces) de que quizá puede arrojar, o arroja ya, luz sobre la estructura formal de algunos aspectos del mundo, bien en el sentido en el que lo hacen el teorema de Bayes o algunas fórmulas combinatorias, bien en relación a cuestiones de índole más «filosófica» (formales y no formalizadas) o simplemente sistémica como el emergentismo (en algún documento perdido por las profundidades de mis almacenes virtuales anoté el hipotético fundamento de esta conexión). En cualquier caso, la cuestión es que considero que el tema es de cierto interés.

La teoría de Ramsey toma su nombre de Frank Ramsey, al que descubrí hace un par de meses por estar leyendo sobre teoría de la decisión, en la cual parece ser que tuvo también su influencia. Ramsey falleció a los 26 años, pero tuvo tiempo de realizar contribuciones a la lógica, a la filosofía, a la economía… Pertenece así al funesto grupo de los intelectos precoces precozmente fallecidos, el dudoso honor de cuya pertenencia es compartido por personajes tan ilustres como Galois (murió a los 20), Keats (a los 25), Abel (26), Schubert (31), Majorana (¿31?), Ramanujan (32), Ventris (34), Mozart (35), Byron (36), Purcell (36), Ada Lovelace (36), Bizet (36), Rafael (37), Pushkin (37), van Gogh (37), Gershwin (38), Caravaggio (38), Lorca (38), Mendelssohn (38), Pascal (39) o Chopin (39).

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Árboles

El miércoles de la pasada semana me dio por probar a dibujar árboles. Debe de ser uno de los motivos para dibujo con mayor relación vistosidad-facilidad: suficientemente familiares y simples en sus líneas generales como para poder esbozarlas, suficientemente orgánicos y diversos como para que casi cualquier trazo aleatorio caiga en el espectro de sus formas posibles (al menos a ojos de los indoctos en botánica, como yo mismo), y suficientemente «corpusculares» como para que su complejidad se capture bien sin requerir especial destreza.
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