Los intelectos perecidos antes de tiempo

Apenas sé algunas generalidades de la rama de las matemáticas conocida como «teoría de Ramsey», pero albergo desde hace tiempo la intuición (fruto de algunas lecturas e indagaciones fugaces) de que quizá puede arrojar, o arroja ya, luz sobre la estructura formal de algunos aspectos del mundo, bien en el sentido en el que lo hacen el teorema de Bayes o algunas fórmulas combinatorias, bien en relación a cuestiones de índole más «filosófica» (formales y no formalizadas) o simplemente sistémica como el emergentismo (en algún documento perdido por las profundidades de mis almacenes virtuales anoté el hipotético fundamento de esta conexión). En cualquier caso, la cuestión es que considero que el tema es de cierto interés.

La teoría de Ramsey toma su nombre de Frank Ramsey, al que descubrí hace un par de meses por estar leyendo sobre teoría de la decisión, en la cual parece ser que tuvo también su influencia. Ramsey falleció a los 26 años, pero tuvo tiempo de realizar contribuciones a la lógica, a la filosofía, a la economía… Pertenece así al funesto grupo de los intelectos precoces precozmente fallecidos, el dudoso honor de cuya pertenencia es compartido por personajes tan ilustres como Galois (murió a los 20), Keats (a los 25), Abel (26), Schubert (31), Majorana (¿31?), Ramanujan (32), Ventris (34), Mozart (35), Byron (36), Purcell (36), Ada Lovelace (36), Bizet (36), Rafael (37), Pushkin (37), van Gogh (37), Gershwin (38), Caravaggio (38), Lorca (38), Mendelssohn (38), Pascal (39) o Chopin (39).

Si somos un poco más laxos con el uso de «precozmente», habremos de incluir también a muchos otros: Kafka (40), Riemann (40), Poe (40), Champollion (41), Turing (41), Austen (41), Kierkegaard (42), du Châtelet (42), van Dyck (42), Minkowski (44), Stevenson (44), Pitts (45), Spinoza (45), Schiller (45), Gramsci (46), Camus (46)…

¿Qué nos habrían legado todas estas mentes si su vida no hubiera sido truncada tan inopinada e ingratamente?

¿Qué herencia musical inédita podríamos degustar si a Schubert, Chopin o Mozart se les hubiera concedido el doble de tiempo? ¿Qué matemáticas ignotas habrían desarrollado Ramanujan o Riemann si hubieran dispuesto de unas décadas más? ¿Qué otras pinturas de Caravaggio, de Rafael, de van Gogh, podríamos contemplar? ¿Qué obras de Lorca o de Schiller disfrutar, qué ensayos de Spinoza o de Kierkegaard? ¿Qué contribuciones habrían ofrecido Turing o Pitts en teoría de la computación o en inteligencia artificial? ¿Qué más habrían logrado descrifrar Champollion o Ventris?

Hoy, recordamos a tantos individuos que nos privilegiaron sus inestimables aportes, y vemos en la faz del presente su repercusión inmarcesible, su indeleble impronta, raíz ya del porvenir. En verdad articularon el mundo que conocemos. Y aun así, ¿no se construye dicho mundo también sobre la falta del acervo que nunca nos dejaron?

La ausencia de lo contrafáctico determina el mundo tanto como la presencia de lo fáctico, de suerte que preguntarse por cómo los frutos de los artífices de la historia la configuran es precisamente preguntarse por cómo sus empresas estériles y sus logros nunca conseguidos articulan el itinerario de la humanidad.

¿Qué sería, qué habría, qué sabríamos, si la muerte no hubiera segado las fecundas trayectorias de tantos próceres del pensamiento, de la creatividad, del conocimiento? ¿Qué no es, qué no hay, qué no sabemos, por haber así sido?

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s