Poemas XVIII, XIX y XX

XVIII

Nimbos moribundos inundan el cielo,
ocultan la luz del ardiente fulgor;
mientras yo me visto mantos que silencian
la grísea verdad de mi fuero interior.

 

XIX

Como las ascuas reverberando
que una amiga aviva su furor,
así aviva una respuesta airada
lo agresivo de rabia anterior.
¿Cuándo aprenderéis, decidme, cuándo,
pobres ánimas avasalladas,
a no obrar sino buscando provecho
a no alimentar con más lid la vesania?

 

XX

Ateza buen día celeste corcel vagaroso,
de lágrimas frías que piafando arroja en turbiones.
¡Y con sus cascos retronando de mal te recuerda
lo que ya no expreso, mas sus gríseas crines exponen!

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