«El jugador», de Fiódor Dostoyevski

Testimonio de la desprotección del ser humano ante las pasionesEl jugador refleja los avatares y vicisitudes en la vida de Alexéi, el protagonista, quien se halla a merced de sus impulsos hacia el amor y el juego, no muy lejos de la situación que el propio autor atravesó en los años precedentes a la redacción de la obra, teniendo así esta un cierto carácter autobiográfico.

Fiódor Dostoyevski. Retrato por Vasily Perov, 1872

Fiódor Dostoyevski. Retrato por Vasily Perov, 1872

A partir de 1862, Dostoyevski realizó diversos viajes por Europa en los que —tal y como le ocurrió anteriormente— fue objeto de numerosas adversidades: la inestabilidad y los vaivenes de su relación con Pavlina Súslova —Polina, cuyo nombre tomaría para la obra que aquí nos atañe—, la muerte de su mujer y de su hermano, del cual heredó sus deudas, y la consecuente sumersión en una profunda depresión y en el juego, lo que le hizo adeudarse incluso más. En esta situación, en 1866, Dostoyevski se vio conminado a firmar un contrato con un editor que le comprometía a entregar una novela ese mismo año. Al aproximarse la fecha límite sin haber siquiera comenzado la obra, contrató a una mecanógrafa, Anna Griogórievna —con la que más tarde contraería nupcias—, a la cual dictó El jugador en tan sólo veintiséis días.

Además del abandono de Alexéi a su amor por Polina, que hace al primero adoptar, en más de una ocasión, una actitud servil y obsecuente ante su enamorada, Dostoievski se encarga de describir cabalmente la relación entre el ludópata y el juego, que él mismo había experimentado en sus propias carnes, hasta el punto de haberse visto obligado a abandonar su país por temor a ser detenido a causa de las deudas que su afición por el juego le había ocasionado. En general, la obra muestra el fatalismo del ser humano que se ve impelido hacia su destino, incapaz de controlar sus impulsos y con su sola esperanza puesta en la indómita fortuna.

Allende de lo anterior, la novela destaca por su análisis psicológico de los personajes, característico de Dostoyevski, de quién Nietzsche diría: «es el único que me ha enseñado algo en psicología». Ello sirve, además, para señalar el carácter ruso, honrado pero voluble y dado a las pasiones —tanto las nobles como las indecorosas—, en contraposición al europeo, y en particular a la circunspección y el comedimiento de los ingleses y al superficial refinamiento de los franceses —que esconde su materialismo y acucia de riquezas—.

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